Los avances encontrados en el campo del desarrollo psiconeurofisiológico se sustentan en la revolución tecnológica. El conocimiento acumulado en esta área, a partir de la década del 90, significó que esta fuera definida como “la década del cerebro”.
Los descubrimientos señalan que el desarrollo cerebral descansa en una interacción compleja entre el diseño genético con el cual se nace y las experiencias de la vida cotidiana.
La característica más fundamental y distintiva del tejido cerebral es la Neuroplasticidad, que se refiere a la habilidad cerebral para modificar su propia estructura en respuesta a las experiencias ambientales. Esta facultad determina la increíble adaptabilidad de la mente humana, pero también su gran vulnerabilidad frente a experiencias negativas.
El período de mayor plasticidad cerebral se da desde la gestación hasta los primeros tres años de vida, por ello, las experiencias tempranas tienen un impacto decisivo en la arquitectura del cerebro y la naturaleza y extensión de las capacidades de los adultos.
Es decir, las interacciones tempranas no sólo crean el contexto del desarrollo, sino que afectan directamente el entramado del cerebro, determinando así, el desarrollo cognitivo y socio-emocional del ser humano.
Etapas de desarrollo del cerebro
El proceso de desarrollo cerebral comienza a los pocos días de la concepción, es decir, las neuronas comienzan a proliferar mucho antes del nacimiento. El cerebro del feto produce aproximadamente el doble de neuronas de lo que podría necesitar, esto permite que el niño recién nacido tenga las mejores posibilidades al llegar al mundo con un “cerebro sano”.
El cerebro del niño debe aprender continua e intensamente; cumplir estas tareas le requiere billones de neuronas y trillones de sinapsis, de tal forma de cubrir los distintos requisitos para el aprendizaje, y por lo tanto, se forma una mucho mayor cantidad de neuronas y sinapsis que aquellas que van a requerir ser usadas.
Al nacer el niño tiene aproximadamente 100 billones de neuronas, permaneciendo este número relativamente estable en el crecimiento. Sin embrago, en este momento el desarrollo del cerebro humano está increíblemente inconcluso, ya que la mayor parte de los cien billones de neuronas no están conectadas aún en redes.
La conectividad de las neuronas es una característica crucial del desarrollo cerebral, ya que la dimensión y naturaleza de las vías neuronales formadas durante los primeros años de vida determinan, en gran medida, la forma como aprendemos, pensamos y actuamos en la adultez.
La conexión entre neuronas, o sinapsis, se produce cuando los axones se entrelazan con las dendritas, funcionan y producen neurotransmisores que facilitan el paso de los impulsos nerviosos.
Las dendritas se ramifican para comunicarse con otras neuronas; por lo tanto, la proliferación de dendritas da cuenta del desarrollo.
Como peak, cada neurona puede estar conectada con otras 15 mil neuronas, formándose así una red inmensamente compleja; esta red es definida como el entramado del cerebro.
El período post-natal está marcado por una sobre-producción de sinapsis: durante la primera década de vida el cerebro del niño forma trillones de sinapsis, y sólo durante los primeros tres años el cerebro del niño forma el doble de sinapsis de lo que va a requerir en su vida.
Al finalizar los dos años de vida los cerebros de los niños son dos y media veces más activos que un cerebro adulto, al cumplir tres años el niño tiene 1000 trillones de sinapsis, y continúan siendo más activos, aunque en menor proporción de diferencia, durante la primera década de la vida.
En el transcurso de la adolescencia se pierde la mitad de las sinapsis, lo que se mantiene relativamente constante a lo largo de la vida.
¿Cómo sabe el cerebro que conexiones mantener? Las experiencias tempranas juegan un rol crucial:
Al actuar un estímulo ambiental las sinapsis que son necesarias para recibirlos almacenan la señal química. La repetida activación aumenta la fortaleza de esa señal, es a partir de ese momento que el sistema nervioso queda estructurado hasta la adultez.
Si las sinapsis se utilizan repetidamente en la vida del niño, se refuerzan y forman parte del entramado permanente del cerebro. Si no son usadas repetida o suficientemente, estas son eliminadas en un proceso denominado “poda” cerebral.
De este modo, el cerebro es inicialmente estructurado por un proceso de reforzamiento de las vías neuronales más utilizadas, y eliminación (poda) de aquellas menos usadas o “sobrantes”. Y este proceso es en gran medida determinado por la cantidad y la calidad de los estímulos otorgados por la experiencia ambiental.
Si el ambiente en que vive el niño no brinda las condiciones óptimas para su desarrollo (nutrición, estimulación sensorial, salud de la madre, apego madre/hijo, etc.) no se reforzarán ni la cantidad ni el tipo de vías neuronales adecuadas, y por ende, la poda neuronal será mayor y más perjudicial para el desarrollo saludable del niño.
En otras palabras, a mejor ambiente, mayor cantidad y calidad de las vías neuronales conservadas para el futuro, y menor número y calidad de neuronas eliminadas.
Sin embrago, el desarrollo cerebral no es lineal, existen los períodos críticos o ventanas de oportunidad, que son períodos de mayor plasticidad neuronal en determinadas áreas cerebrales, a través de las cuales se adquieren con mayor facilidad los distintos tipos de conocimientos y habilidades, los que se inician tempranamente en la etapa prenatal, sembrándose así la semilla de los diferentes tipos de competencias con que las personas podrán desarrollarse durante la vida.
Influencias ambientales en el desarrollo cerebral
Existen diversos factores ambientales que pueden afectar los proceso de desarrollo cerebral descritos, como por ejemplo, la calidad de la nutrición, el tipo de estimulación sensorial, algunas enfermedades, etc. Sin embrago, uno de los más relevantes es el impacto producido por el estrés ambiental.
El estrés impacta fuertemente la biología del cerebro, principalmente a través de su influencia en el funcionamiento hormonal del organismo.
El estrés produce la activación de la glándula suprarenal, que secreta las hormonas esteroidales corticales, entre ellas, el cortizol. Por lo tanto, el estrés provoca un aumento en los niveles de cortizol en la sangre.
Los niveles excesivamente altos y permanentes de cortizol en el cerebro impiden el crecimiento neuronal y la formación de sinapsis en el niño. De allí, a la posibilidad de déficit cognitivo y socio-emocional, hay un solo paso.
La principal fuente de estrés para el infante es la insatisfacción de sus necesidades, lo que está generalmente relacionado a las situaciones de pobreza, negligencia en el cuidado, abandono y maltrato durante los primeros meses y años de vida.
La experiencia ambiental más fundamental en la vida del niño, especialmente en los decisivos primeros meses, es la calidad del vínculo con la madre (o cuidador/a). Ella es la principal fuente de satisfacción de sus necesidades.
De este modo, las experiencias tempranas de vínculos de apego se constituyen como reguladoras de la experiencias de estrés del bebé, es decir, la madre o cuidador/a regula los estados internos del niños (hambre, sueño, emociones, etc.) y al hacer esto, regula también la experiencia del niño frente al estrés.
Esta regulación es posteriormente interiorizada por el niño, es decir, la forma como la madre regula sus procesos, luego es asumida como propia por parte de él. En otras palabras, la madre le enseña al niño como autorregular sus reacciones de estrés.
Esto, finalmente, nos lleva a considerar que una de las principales alternativas para evitar o paliar las desastrosas consecuencias que produce el estrés en el desarrollo cognitivo y socio-emocional del niño, es el mejoramiento de las relaciones de cuidado o vínculos de apego entre la madre/cuidador y el niño
En el documento “Comenzar fuerte y oportunamente: fundamentos para la educación desde el nacimiento” M. Victoria Peralta (2004) destaca que la Comisión de Educación de los Estados, ha elaborado un trabajo “Starting Early, Starting Now” en el cual se muestra el gráfico “Crecimiento Cerebral/ Inversión Pública en Niños de 0 a 18 años en EEUU” en el que se da cuenta de la relación entre crecimiento cerebral y recursos públicos en el periodo 0 a 18 años en los Estados Unidos:
Crecimiento Cerebral/ Inversión Pública en Niños de 0 a 18 años EEUU



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