La inteligencia del ser humano tiene un componente genético, pero existen factores que pueden aumentar y mejorar el desarrollo intelectual y el aprendizaje de los niños.
Acá te mostramos algunos de ellos.
1. AMAMANTAR:
La leche materna tiene nutrientes esenciales para la conformación del cerebro y su funcionamiento. La leche materna previene infecciones peligrosas y brinda nutrientes esenciales, además de otorgarles salud e inteligencia a tu bebé, esto según numerosos estudios revisados. Algunas investigaciones demostraron que niños alimentados con leche materna mostraron al crecer un aumento significativo de la inteligencia, en comparación con aquellos que se habían alimentado con leche materna durante un mes o menos.
2. FOMENTAR SU ACTIVIDAD FÍSICA:
La participación en actividades físicas estimula la confianza, el trabajo en equipo y el liderazgo. Y no sólo eso. Estudios realizados por investigadores de la Universidad de Illinois han demostrado una relación sólida entre las calificaciones en deportes y el desempeño académico entre los niños que asisten a la escuela primaria.
3. ADIÓS A LA COMIDA BASURA:
Reducir la cantidad de azúcar, grasas trans y otras comidas "chatarra" de la dieta de su hijo y reemplazarlos por alternativas con alto nivel de nutrientes, puede hacer maravillas en el desarrollo motriz y mental durante la infancia, especialmente durante los primeros años de vida. Lo recomendable es darles alimentos ricos en hierro para un desarrollo adecuado del tejido cerebral, dado que los impulsos nerviosos se transmiten más lentamente si hay deficiencia de hierro.
4. LEER:
La lectura es una forma segura y fácil de realizar para mejorar el aprendizaje y el desarrollo cognitivo en niños y niñas de todas las edades. Léerles desde pequeños, inscríbirlos en una biblioteca y mantenerles el acceso a los libros les crea un hábito y un gusto por la lectura.
5. UN BUEN DESAYUNO:
Estudios demuestran que tomar un buen desayuno mejora la memoria, la concentración y el aprendizaje. Los que no desayunan se cansan con más facilidad, son más irritables y reaccionan más lento. Dale el valor que se merece, date un tiempo para darle un desayuno completo que ayude a que tus hijos se mantengan concentrados y que participen durante las horas de clase, además de una buena lonchera.
6. FOMENTA SU DESARROLLO MENTAL:
Hay muchas maneras de mantener siempre inteligentes a tus hijos. Y la principal son los juegos mentales. El ajedrez, los crucigramas, los criptogramas, las adivinanzas y todos los divertimentos similares, entrenan al cerebro para realizar gimnasia mental. Te recomendamos el Sudoku, pues además de ser entretenidos, promueven el pensamiento estratégico, la resolución de problemas y la toma de decisiones compleja.
7. FOMENTA SU CURIOSIDAD:
Apoya los pasatiempos e intereses de tus hijos haciéndoles preguntas, enseñándoles nuevas aptitudes y realizando salidas educativas para desarrollar su curiosidad intelectual. Según expertos, los padres que demuestran curiosidad y alientan a sus hijos a explorar nuevas ideas les enseñan una lección valiosa: La búsqueda del conocimiento.
Y TU, COMO VES EL FUTURO DE TUS HIJOS?
Desarrollamos el potencial intelectual, físico, social y emocional
Desarrollamos el potencial intelectual, físico, social y emocional de tu hijo e hija.
martes, 30 de marzo de 2010
miércoles, 17 de marzo de 2010
El desarrollo temprano del cerebro: un torrente de creatividad
Es muy posible que usted haya visto alguna vez a un niño menor de un año que observa expectante y lanza un grito de alegría cuando de repente aparece la cara de su madre, que jugaba a tapársela con las manos. Mientras dura este juego aparentemente sencillo y repetitivo, ocurre algo espectacular: miles de células en expansión del cerebro del niño responden en cuestión de segundos. Algunas células se “encienden” y algunas conexiones que ya existen entre las células del cerebro se fortalecen, al tiempo que se establecen nuevas conexiones.
Mientras las conexiones cerebrales se disparan durante los tres primeros años de vida, el niño descubre cosas nuevas prácticamente en todo momento en que está despierto. Al nacer, el niño tiene unos 100.000 millones de células en el cerebro. La mayor parte no están conectadas entre sí y no pueden funcionar por cuenta propia. Deben organizarse en forma de redes formadas por billones de conexiones y sinapsis que las unen.
Estas conexiones constituyen milagros del cuerpo humano que dependen en parte de los genes y en parte de lo que ocurre durante los primeros años de vida. Muchos tipos de experiencia afectan al funcionamiento del cerebro del niño, pero ninguna encierra más importancia que el cuidado físico y afectivo temprano.
Un equilibrio delicado
El cerebro del niño no es ni una página en blanco en espera de que se escriba en ella una biografía ni un circuito integrado determinado y controlado por genes implacables. Desde la primera división celular, el desarrollo del cerebro es producto de un delicado equilibrio entre genes y entorno. Aunque los genes prescriben la secuencia del desarrollo normal, el carácter del desarrollo se ve determinado por factores circundantes que afectan a la madre embara zada y lactante y al niño pequeño. Factores como una nutrición adecuada, un buen estado de salud, el agua no contaminada y un entorno seguro que proteja al niño de la violencia, los abusos, la explotación y la discriminación, contribuyen en conjunto al crecimiento y desarrollo
del cerebro.
La peculiaridad del cerebro humano no reside únicamente en su tamaño y complejidad, sino también en las propiedades que lo predisponen de forma impresionante a adaptarse a la experiencia. Cada contacto corporal, cada movimiento y cada emoción se convierten en una actividad eléctrica y química que propicia
el avance del impulso genético modificando imperceptiblemente la configuración del cerebro. En lo que atañe al desarrollo de las conexiones cerebrales, las relaciones humanas encierran la misma importancia que los alimentos que ingiere el niño, los sonidos que escucha y la luz que le permite ver.
La importancia del momento oportuno
En determinados períodos de la vida, el cerebro es especialmente receptivo a las experiencias nuevas y está especialmente capacitado para aprovecharlas. Si estos períodos de sensibilidad pasan sin que el cerebro reciba los estímulos para los que está preparado puede que disminuyan notablemente las oportunidades de aprendizaje de distinto tipo.
Están por determinar con precisión cuán decisivos son los “períodos decisivos” y cuánto duran los momentos propicios en relación con aspectos concretos del desarrollo. Sabemos que el cerebro humano es maleable y que su capacidad de reorganización dura toda la vida y puede potenciarse mediante intervencio nes. Sin embargo, está generalizado el consenso de que durante la primera infancia el cerebro se forma a una velocidad que nunca volverá a repetirse.
La hora decisiva del desarrollo
La maleabilidad del cerebro supone igualmente que en determinados momentos las experiencias negativas o la falta de estímulos positivos o apropiados encierran mayores posibilidades de provocar efectos graves y sostenidos. Cuando el niño no es objeto del cuidado que le hace falta durante los períodos de desarrollo decisivos, o cuando sufre hambre, abusos o abandono, es posible que se vea afectado el desarrollo del cerebro. Muchos niños que viven en situación de emergencia o desplazamiento o en una época posterior a un conflicto padecen traumas graves y sufren tensiones extremas que no encuentran solución, circunstancias que debilitan en particular a los niños pequeños. Sólo se activan unas cuantas sinapsis, mientras que el resto del cerebro se paraliza. A esta tierna edad, esta paralización detiene el motor del desarrollo.
Lo mejor es prevenir
Aunque nunca es tarde para intervenir con objeto de mejorar la calidad de vida del niño, la intervención temprana repercute más ampliamente en el desarrollo y el aprendizaje del niño. Estos pueden potenciarse por medio de programas de calidad adecuados y oportunos que brinden experiencias positivas a los niños y apoyo a los padres. Existe una amplia gama de intervenciones apropiadas como, por ejemplo, ayudar a un padre y una madre jóvenes a entender mejor las señales que les comunica el recién nacido, leer un cuento a un grupo de niños de corta edad y visitar a domicilio a los progenitores recientes.
Huellas duraderas
El cuidado físico y afectivo temprano repercute de forma decisiva y duradera en la evolución del niño hasta la edad adulta y en el desarrollo de su capacidad de aprender y de regular sus emociones.
Aunque no hay duda de que estas aptitudes básicas se pueden aprender más tarde, el aprendizaje resulta más difícil con el tiempo. Cuando no se atienden las necesidades básicas del niño en los primeros meses de vida y la primera infancia, éste suele mostrarse desconfiado y encuentra dificultades para creer en sí mismo y en los demás. Cuando no se orienta al niño en los primeros años de vida para que vigile o regule su comportamiento, aumentan las posibilidades de que cuando vaya al colegio padezca ansiedades, miedos y un estado de desorganización por lo que respecta a los impulsos y el comportamiento.
El cerebro dispone de una notable capacidad de autoprotección y recuperación, pero el afecto en los cuidados y la crianza de que es objeto el niño en sus primeros años de vida, o la falta de este tipo de experiencia fundamental, deja huellas duraderas en la mente del pequeño.
Articulo tomado del libro: Estado Mundial de la Infancia 2001 - UNICEF.
Mientras las conexiones cerebrales se disparan durante los tres primeros años de vida, el niño descubre cosas nuevas prácticamente en todo momento en que está despierto. Al nacer, el niño tiene unos 100.000 millones de células en el cerebro. La mayor parte no están conectadas entre sí y no pueden funcionar por cuenta propia. Deben organizarse en forma de redes formadas por billones de conexiones y sinapsis que las unen.
Estas conexiones constituyen milagros del cuerpo humano que dependen en parte de los genes y en parte de lo que ocurre durante los primeros años de vida. Muchos tipos de experiencia afectan al funcionamiento del cerebro del niño, pero ninguna encierra más importancia que el cuidado físico y afectivo temprano.
Un equilibrio delicado
El cerebro del niño no es ni una página en blanco en espera de que se escriba en ella una biografía ni un circuito integrado determinado y controlado por genes implacables. Desde la primera división celular, el desarrollo del cerebro es producto de un delicado equilibrio entre genes y entorno. Aunque los genes prescriben la secuencia del desarrollo normal, el carácter del desarrollo se ve determinado por factores circundantes que afectan a la madre embara zada y lactante y al niño pequeño. Factores como una nutrición adecuada, un buen estado de salud, el agua no contaminada y un entorno seguro que proteja al niño de la violencia, los abusos, la explotación y la discriminación, contribuyen en conjunto al crecimiento y desarrollo
del cerebro.
La peculiaridad del cerebro humano no reside únicamente en su tamaño y complejidad, sino también en las propiedades que lo predisponen de forma impresionante a adaptarse a la experiencia. Cada contacto corporal, cada movimiento y cada emoción se convierten en una actividad eléctrica y química que propicia
el avance del impulso genético modificando imperceptiblemente la configuración del cerebro. En lo que atañe al desarrollo de las conexiones cerebrales, las relaciones humanas encierran la misma importancia que los alimentos que ingiere el niño, los sonidos que escucha y la luz que le permite ver.
La importancia del momento oportuno
En determinados períodos de la vida, el cerebro es especialmente receptivo a las experiencias nuevas y está especialmente capacitado para aprovecharlas. Si estos períodos de sensibilidad pasan sin que el cerebro reciba los estímulos para los que está preparado puede que disminuyan notablemente las oportunidades de aprendizaje de distinto tipo.
Están por determinar con precisión cuán decisivos son los “períodos decisivos” y cuánto duran los momentos propicios en relación con aspectos concretos del desarrollo. Sabemos que el cerebro humano es maleable y que su capacidad de reorganización dura toda la vida y puede potenciarse mediante intervencio nes. Sin embargo, está generalizado el consenso de que durante la primera infancia el cerebro se forma a una velocidad que nunca volverá a repetirse.
La hora decisiva del desarrollo
La maleabilidad del cerebro supone igualmente que en determinados momentos las experiencias negativas o la falta de estímulos positivos o apropiados encierran mayores posibilidades de provocar efectos graves y sostenidos. Cuando el niño no es objeto del cuidado que le hace falta durante los períodos de desarrollo decisivos, o cuando sufre hambre, abusos o abandono, es posible que se vea afectado el desarrollo del cerebro. Muchos niños que viven en situación de emergencia o desplazamiento o en una época posterior a un conflicto padecen traumas graves y sufren tensiones extremas que no encuentran solución, circunstancias que debilitan en particular a los niños pequeños. Sólo se activan unas cuantas sinapsis, mientras que el resto del cerebro se paraliza. A esta tierna edad, esta paralización detiene el motor del desarrollo.
Lo mejor es prevenir
Aunque nunca es tarde para intervenir con objeto de mejorar la calidad de vida del niño, la intervención temprana repercute más ampliamente en el desarrollo y el aprendizaje del niño. Estos pueden potenciarse por medio de programas de calidad adecuados y oportunos que brinden experiencias positivas a los niños y apoyo a los padres. Existe una amplia gama de intervenciones apropiadas como, por ejemplo, ayudar a un padre y una madre jóvenes a entender mejor las señales que les comunica el recién nacido, leer un cuento a un grupo de niños de corta edad y visitar a domicilio a los progenitores recientes.
Huellas duraderas
El cuidado físico y afectivo temprano repercute de forma decisiva y duradera en la evolución del niño hasta la edad adulta y en el desarrollo de su capacidad de aprender y de regular sus emociones.
Aunque no hay duda de que estas aptitudes básicas se pueden aprender más tarde, el aprendizaje resulta más difícil con el tiempo. Cuando no se atienden las necesidades básicas del niño en los primeros meses de vida y la primera infancia, éste suele mostrarse desconfiado y encuentra dificultades para creer en sí mismo y en los demás. Cuando no se orienta al niño en los primeros años de vida para que vigile o regule su comportamiento, aumentan las posibilidades de que cuando vaya al colegio padezca ansiedades, miedos y un estado de desorganización por lo que respecta a los impulsos y el comportamiento.
El cerebro dispone de una notable capacidad de autoprotección y recuperación, pero el afecto en los cuidados y la crianza de que es objeto el niño en sus primeros años de vida, o la falta de este tipo de experiencia fundamental, deja huellas duraderas en la mente del pequeño.
Articulo tomado del libro: Estado Mundial de la Infancia 2001 - UNICEF.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Un ser humano único e independiente
Los nuevos enfoques definen al desarrollo como un proceso en el cual la persona es concebida como un ser cuyo proceso ocurre con cambios cuantitativos y cualitativos que tienen lugar desde la concepción a la muerte
Al definir desarrollo integral los límites no se fijan necesariamente en las fronteras disciplinarias. Esto es atingente básicamente en la psicología por ser ésta una de las áreas en que el tema del desarrollo integral ha cobrado mayor interés. Se trata más bien de expandir la mirada hacia ámbitos del conocimiento que permitan profundizar aquellos procesos o fenómenos que tienen lugar en la totalidad del ser humano. De esta forma, se logra esquivar la concepción que describe al individuo por parcialidades y aproximándose del mismo modo, a su consideración integral.
Al definir desarrollo integral los límites no se fijan necesariamente en las fronteras disciplinarias. Esto es atingente básicamente en la psicología por ser ésta una de las áreas en que el tema del desarrollo integral ha cobrado mayor interés. Se trata más bien de expandir la mirada hacia ámbitos del conocimiento que permitan profundizar aquellos procesos o fenómenos que tienen lugar en la totalidad del ser humano. De esta forma, se logra esquivar la concepción que describe al individuo por parcialidades y aproximándose del mismo modo, a su consideración integral.
El ser humano como un todo
El concepto de Desarrollo Integral concibe al ser humano como único e independiente con características propias, lo que conlleva a referirse a éste como una persona que presenta básicamente diferencias individuales.
El concepto del desarrollo integral requiere entender el ser humano como un individuo integral. Lo cual implica que lo biológico y lo conductual se relacionan bidireccionalmente y se afectan del mismo modo a lo largo de la vida. Por tanto, el desarrollo humano tiene lugar a la vez en múltiples niveles biológicos y conductuales.
En este sentido, el desarrollo se explica como un proceso en el cual la persona es concebida como un ser cuyo proceso ocurre con cambios cuantitativos y cualitativos que tienen lugar desde la concepción a la muerte.
Es esta una visión vigente desde la década del setenta; antes de este año se entendía el desarrollo como parcialidades, las que estaban delimitadas por los grupos etáreos; de allí surge división de la psicología del niño, del adolescente, del adulto joven y del adulto mayor o vejez.
El concepto del desarrollo integral requiere entender el ser humano como un individuo integral. Lo cual implica que lo biológico y lo conductual se relacionan bidireccionalmente y se afectan del mismo modo a lo largo de la vida. Por tanto, el desarrollo humano tiene lugar a la vez en múltiples niveles biológicos y conductuales.
En este sentido, el desarrollo se explica como un proceso en el cual la persona es concebida como un ser cuyo proceso ocurre con cambios cuantitativos y cualitativos que tienen lugar desde la concepción a la muerte.
Es esta una visión vigente desde la década del setenta; antes de este año se entendía el desarrollo como parcialidades, las que estaban delimitadas por los grupos etáreos; de allí surge división de la psicología del niño, del adolescente, del adulto joven y del adulto mayor o vejez.
Evidencia técnica del Desarrollo Integral en el infante
ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL DESARROLLO CEREBRAL
Los avances encontrados en el campo del desarrollo psiconeurofisiológico se sustentan en la revolución tecnológica. El conocimiento acumulado en esta área, a partir de la década del 90, significó que esta fuera definida como “la década del cerebro”.
Los descubrimientos señalan que el desarrollo cerebral descansa en una interacción compleja entre el diseño genético con el cual se nace y las experiencias de la vida cotidiana.
La característica más fundamental y distintiva del tejido cerebral es la Neuroplasticidad, que se refiere a la habilidad cerebral para modificar su propia estructura en respuesta a las experiencias ambientales. Esta facultad determina la increíble adaptabilidad de la mente humana, pero también su gran vulnerabilidad frente a experiencias negativas.
El período de mayor plasticidad cerebral se da desde la gestación hasta los primeros tres años de vida, por ello, las experiencias tempranas tienen un impacto decisivo en la arquitectura del cerebro y la naturaleza y extensión de las capacidades de los adultos.
Es decir, las interacciones tempranas no sólo crean el contexto del desarrollo, sino que afectan directamente el entramado del cerebro, determinando así, el desarrollo cognitivo y socio-emocional del ser humano.
Etapas de desarrollo del cerebro
El proceso de desarrollo cerebral comienza a los pocos días de la concepción, es decir, las neuronas comienzan a proliferar mucho antes del nacimiento. El cerebro del feto produce aproximadamente el doble de neuronas de lo que podría necesitar, esto permite que el niño recién nacido tenga las mejores posibilidades al llegar al mundo con un “cerebro sano”.
El cerebro del niño debe aprender continua e intensamente; cumplir estas tareas le requiere billones de neuronas y trillones de sinapsis, de tal forma de cubrir los distintos requisitos para el aprendizaje, y por lo tanto, se forma una mucho mayor cantidad de neuronas y sinapsis que aquellas que van a requerir ser usadas.
Al nacer el niño tiene aproximadamente 100 billones de neuronas, permaneciendo este número relativamente estable en el crecimiento. Sin embrago, en este momento el desarrollo del cerebro humano está increíblemente inconcluso, ya que la mayor parte de los cien billones de neuronas no están conectadas aún en redes.
La conectividad de las neuronas es una característica crucial del desarrollo cerebral, ya que la dimensión y naturaleza de las vías neuronales formadas durante los primeros años de vida determinan, en gran medida, la forma como aprendemos, pensamos y actuamos en la adultez.
La conexión entre neuronas, o sinapsis, se produce cuando los axones se entrelazan con las dendritas, funcionan y producen neurotransmisores que facilitan el paso de los impulsos nerviosos.
Las dendritas se ramifican para comunicarse con otras neuronas; por lo tanto, la proliferación de dendritas da cuenta del desarrollo.
Como peak, cada neurona puede estar conectada con otras 15 mil neuronas, formándose así una red inmensamente compleja; esta red es definida como el entramado del cerebro.
El período post-natal está marcado por una sobre-producción de sinapsis: durante la primera década de vida el cerebro del niño forma trillones de sinapsis, y sólo durante los primeros tres años el cerebro del niño forma el doble de sinapsis de lo que va a requerir en su vida.
Al finalizar los dos años de vida los cerebros de los niños son dos y media veces más activos que un cerebro adulto, al cumplir tres años el niño tiene 1000 trillones de sinapsis, y continúan siendo más activos, aunque en menor proporción de diferencia, durante la primera década de la vida.
En el transcurso de la adolescencia se pierde la mitad de las sinapsis, lo que se mantiene relativamente constante a lo largo de la vida.
¿Cómo sabe el cerebro que conexiones mantener? Las experiencias tempranas juegan un rol crucial:
Al actuar un estímulo ambiental las sinapsis que son necesarias para recibirlos almacenan la señal química. La repetida activación aumenta la fortaleza de esa señal, es a partir de ese momento que el sistema nervioso queda estructurado hasta la adultez.
Si las sinapsis se utilizan repetidamente en la vida del niño, se refuerzan y forman parte del entramado permanente del cerebro. Si no son usadas repetida o suficientemente, estas son eliminadas en un proceso denominado “poda” cerebral.
De este modo, el cerebro es inicialmente estructurado por un proceso de reforzamiento de las vías neuronales más utilizadas, y eliminación (poda) de aquellas menos usadas o “sobrantes”. Y este proceso es en gran medida determinado por la cantidad y la calidad de los estímulos otorgados por la experiencia ambiental.
Si el ambiente en que vive el niño no brinda las condiciones óptimas para su desarrollo (nutrición, estimulación sensorial, salud de la madre, apego madre/hijo, etc.) no se reforzarán ni la cantidad ni el tipo de vías neuronales adecuadas, y por ende, la poda neuronal será mayor y más perjudicial para el desarrollo saludable del niño.
En otras palabras, a mejor ambiente, mayor cantidad y calidad de las vías neuronales conservadas para el futuro, y menor número y calidad de neuronas eliminadas.
Sin embrago, el desarrollo cerebral no es lineal, existen los períodos críticos o ventanas de oportunidad, que son períodos de mayor plasticidad neuronal en determinadas áreas cerebrales, a través de las cuales se adquieren con mayor facilidad los distintos tipos de conocimientos y habilidades, los que se inician tempranamente en la etapa prenatal, sembrándose así la semilla de los diferentes tipos de competencias con que las personas podrán desarrollarse durante la vida.
Influencias ambientales en el desarrollo cerebral
Existen diversos factores ambientales que pueden afectar los proceso de desarrollo cerebral descritos, como por ejemplo, la calidad de la nutrición, el tipo de estimulación sensorial, algunas enfermedades, etc. Sin embrago, uno de los más relevantes es el impacto producido por el estrés ambiental.
El estrés impacta fuertemente la biología del cerebro, principalmente a través de su influencia en el funcionamiento hormonal del organismo.
El estrés produce la activación de la glándula suprarenal, que secreta las hormonas esteroidales corticales, entre ellas, el cortizol. Por lo tanto, el estrés provoca un aumento en los niveles de cortizol en la sangre.
Los niveles excesivamente altos y permanentes de cortizol en el cerebro impiden el crecimiento neuronal y la formación de sinapsis en el niño. De allí, a la posibilidad de déficit cognitivo y socio-emocional, hay un solo paso.
La principal fuente de estrés para el infante es la insatisfacción de sus necesidades, lo que está generalmente relacionado a las situaciones de pobreza, negligencia en el cuidado, abandono y maltrato durante los primeros meses y años de vida.
La experiencia ambiental más fundamental en la vida del niño, especialmente en los decisivos primeros meses, es la calidad del vínculo con la madre (o cuidador/a). Ella es la principal fuente de satisfacción de sus necesidades.
De este modo, las experiencias tempranas de vínculos de apego se constituyen como reguladoras de la experiencias de estrés del bebé, es decir, la madre o cuidador/a regula los estados internos del niños (hambre, sueño, emociones, etc.) y al hacer esto, regula también la experiencia del niño frente al estrés.
Esta regulación es posteriormente interiorizada por el niño, es decir, la forma como la madre regula sus procesos, luego es asumida como propia por parte de él. En otras palabras, la madre le enseña al niño como autorregular sus reacciones de estrés.
Esto, finalmente, nos lleva a considerar que una de las principales alternativas para evitar o paliar las desastrosas consecuencias que produce el estrés en el desarrollo cognitivo y socio-emocional del niño, es el mejoramiento de las relaciones de cuidado o vínculos de apego entre la madre/cuidador y el niño
En el documento “Comenzar fuerte y oportunamente: fundamentos para la educación desde el nacimiento” M. Victoria Peralta (2004) destaca que la Comisión de Educación de los Estados, ha elaborado un trabajo “Starting Early, Starting Now” en el cual se muestra el gráfico “Crecimiento Cerebral/ Inversión Pública en Niños de 0 a 18 años en EEUU” en el que se da cuenta de la relación entre crecimiento cerebral y recursos públicos en el periodo 0 a 18 años en los Estados Unidos:
Crecimiento Cerebral/ Inversión Pública en Niños de 0 a 18 años EEUU
Los avances encontrados en el campo del desarrollo psiconeurofisiológico se sustentan en la revolución tecnológica. El conocimiento acumulado en esta área, a partir de la década del 90, significó que esta fuera definida como “la década del cerebro”.
Los descubrimientos señalan que el desarrollo cerebral descansa en una interacción compleja entre el diseño genético con el cual se nace y las experiencias de la vida cotidiana.
La característica más fundamental y distintiva del tejido cerebral es la Neuroplasticidad, que se refiere a la habilidad cerebral para modificar su propia estructura en respuesta a las experiencias ambientales. Esta facultad determina la increíble adaptabilidad de la mente humana, pero también su gran vulnerabilidad frente a experiencias negativas.
El período de mayor plasticidad cerebral se da desde la gestación hasta los primeros tres años de vida, por ello, las experiencias tempranas tienen un impacto decisivo en la arquitectura del cerebro y la naturaleza y extensión de las capacidades de los adultos.
Es decir, las interacciones tempranas no sólo crean el contexto del desarrollo, sino que afectan directamente el entramado del cerebro, determinando así, el desarrollo cognitivo y socio-emocional del ser humano.
Etapas de desarrollo del cerebro
El proceso de desarrollo cerebral comienza a los pocos días de la concepción, es decir, las neuronas comienzan a proliferar mucho antes del nacimiento. El cerebro del feto produce aproximadamente el doble de neuronas de lo que podría necesitar, esto permite que el niño recién nacido tenga las mejores posibilidades al llegar al mundo con un “cerebro sano”.
El cerebro del niño debe aprender continua e intensamente; cumplir estas tareas le requiere billones de neuronas y trillones de sinapsis, de tal forma de cubrir los distintos requisitos para el aprendizaje, y por lo tanto, se forma una mucho mayor cantidad de neuronas y sinapsis que aquellas que van a requerir ser usadas.
Al nacer el niño tiene aproximadamente 100 billones de neuronas, permaneciendo este número relativamente estable en el crecimiento. Sin embrago, en este momento el desarrollo del cerebro humano está increíblemente inconcluso, ya que la mayor parte de los cien billones de neuronas no están conectadas aún en redes.
La conectividad de las neuronas es una característica crucial del desarrollo cerebral, ya que la dimensión y naturaleza de las vías neuronales formadas durante los primeros años de vida determinan, en gran medida, la forma como aprendemos, pensamos y actuamos en la adultez.
La conexión entre neuronas, o sinapsis, se produce cuando los axones se entrelazan con las dendritas, funcionan y producen neurotransmisores que facilitan el paso de los impulsos nerviosos.
Las dendritas se ramifican para comunicarse con otras neuronas; por lo tanto, la proliferación de dendritas da cuenta del desarrollo.
Como peak, cada neurona puede estar conectada con otras 15 mil neuronas, formándose así una red inmensamente compleja; esta red es definida como el entramado del cerebro.
El período post-natal está marcado por una sobre-producción de sinapsis: durante la primera década de vida el cerebro del niño forma trillones de sinapsis, y sólo durante los primeros tres años el cerebro del niño forma el doble de sinapsis de lo que va a requerir en su vida.
Al finalizar los dos años de vida los cerebros de los niños son dos y media veces más activos que un cerebro adulto, al cumplir tres años el niño tiene 1000 trillones de sinapsis, y continúan siendo más activos, aunque en menor proporción de diferencia, durante la primera década de la vida.
En el transcurso de la adolescencia se pierde la mitad de las sinapsis, lo que se mantiene relativamente constante a lo largo de la vida.
¿Cómo sabe el cerebro que conexiones mantener? Las experiencias tempranas juegan un rol crucial:
Al actuar un estímulo ambiental las sinapsis que son necesarias para recibirlos almacenan la señal química. La repetida activación aumenta la fortaleza de esa señal, es a partir de ese momento que el sistema nervioso queda estructurado hasta la adultez.
Si las sinapsis se utilizan repetidamente en la vida del niño, se refuerzan y forman parte del entramado permanente del cerebro. Si no son usadas repetida o suficientemente, estas son eliminadas en un proceso denominado “poda” cerebral.
De este modo, el cerebro es inicialmente estructurado por un proceso de reforzamiento de las vías neuronales más utilizadas, y eliminación (poda) de aquellas menos usadas o “sobrantes”. Y este proceso es en gran medida determinado por la cantidad y la calidad de los estímulos otorgados por la experiencia ambiental.
Si el ambiente en que vive el niño no brinda las condiciones óptimas para su desarrollo (nutrición, estimulación sensorial, salud de la madre, apego madre/hijo, etc.) no se reforzarán ni la cantidad ni el tipo de vías neuronales adecuadas, y por ende, la poda neuronal será mayor y más perjudicial para el desarrollo saludable del niño.
En otras palabras, a mejor ambiente, mayor cantidad y calidad de las vías neuronales conservadas para el futuro, y menor número y calidad de neuronas eliminadas.
Sin embrago, el desarrollo cerebral no es lineal, existen los períodos críticos o ventanas de oportunidad, que son períodos de mayor plasticidad neuronal en determinadas áreas cerebrales, a través de las cuales se adquieren con mayor facilidad los distintos tipos de conocimientos y habilidades, los que se inician tempranamente en la etapa prenatal, sembrándose así la semilla de los diferentes tipos de competencias con que las personas podrán desarrollarse durante la vida.
Influencias ambientales en el desarrollo cerebral
Existen diversos factores ambientales que pueden afectar los proceso de desarrollo cerebral descritos, como por ejemplo, la calidad de la nutrición, el tipo de estimulación sensorial, algunas enfermedades, etc. Sin embrago, uno de los más relevantes es el impacto producido por el estrés ambiental.
El estrés impacta fuertemente la biología del cerebro, principalmente a través de su influencia en el funcionamiento hormonal del organismo.
El estrés produce la activación de la glándula suprarenal, que secreta las hormonas esteroidales corticales, entre ellas, el cortizol. Por lo tanto, el estrés provoca un aumento en los niveles de cortizol en la sangre.
Los niveles excesivamente altos y permanentes de cortizol en el cerebro impiden el crecimiento neuronal y la formación de sinapsis en el niño. De allí, a la posibilidad de déficit cognitivo y socio-emocional, hay un solo paso.
La principal fuente de estrés para el infante es la insatisfacción de sus necesidades, lo que está generalmente relacionado a las situaciones de pobreza, negligencia en el cuidado, abandono y maltrato durante los primeros meses y años de vida.
La experiencia ambiental más fundamental en la vida del niño, especialmente en los decisivos primeros meses, es la calidad del vínculo con la madre (o cuidador/a). Ella es la principal fuente de satisfacción de sus necesidades.
De este modo, las experiencias tempranas de vínculos de apego se constituyen como reguladoras de la experiencias de estrés del bebé, es decir, la madre o cuidador/a regula los estados internos del niños (hambre, sueño, emociones, etc.) y al hacer esto, regula también la experiencia del niño frente al estrés.
Esta regulación es posteriormente interiorizada por el niño, es decir, la forma como la madre regula sus procesos, luego es asumida como propia por parte de él. En otras palabras, la madre le enseña al niño como autorregular sus reacciones de estrés.
Esto, finalmente, nos lleva a considerar que una de las principales alternativas para evitar o paliar las desastrosas consecuencias que produce el estrés en el desarrollo cognitivo y socio-emocional del niño, es el mejoramiento de las relaciones de cuidado o vínculos de apego entre la madre/cuidador y el niño
En el documento “Comenzar fuerte y oportunamente: fundamentos para la educación desde el nacimiento” M. Victoria Peralta (2004) destaca que la Comisión de Educación de los Estados, ha elaborado un trabajo “Starting Early, Starting Now” en el cual se muestra el gráfico “Crecimiento Cerebral/ Inversión Pública en Niños de 0 a 18 años en EEUU” en el que se da cuenta de la relación entre crecimiento cerebral y recursos públicos en el periodo 0 a 18 años en los Estados Unidos:
Crecimiento Cerebral/ Inversión Pública en Niños de 0 a 18 años EEUU
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